Un avión de combate de Estados Unidos lanza una unidad de bomba guiada (GBU). Mucho se ha escrito sobre el complejo militar-industrial estadounidense, el conglomerado de intereses económicos, políticos y castrenses públicos y privados que influye seriamente en la política exterior y de defensa de Estados Unidos. En un país carente de los amplios servicios públicos y prestaciones sociales del resto del mundo desarrollado, la inversión en defensa supone una especie de “keynesianismo militar”, un programa de empleo nacional que garantiza la prosperidad de muchas zonas a través de bases militares y fábricas de armamento.
De esta forma, los congresistas estadounidenses tienen más opciones de ganar las próximas elecciones siempre que defiendan mantener o incrementar el gasto militar. Esta inversión proporciona carga de trabajo a la industria y asegura grandes beneficios a sus principales compañías, parte de las cuales se reinvierten en lobbyistas que presionan al Congreso para salvaguardar sus intereses. Este es uno de los motivos por los que el legislativo estadounidense aprueba sistemáticamente presupuestos de defensa mucho más altos que los solicitados por el propio Pentágono.
Para ampliar El American Way of Life y la influencia del individualismo en Estados Unidos → No obstante, la dirección no es meramente unidireccional –de supeditación del gobierno federal a los intereses de la industria militar–, sino
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