La llegada de Trump a la Casa Blanca afectará de forma desigual a muchas de las antiguas repúblicas yugoslavas que conforman los Balcanes.
Pocas horas después de la confirmación de la victoria electoral de Donald Trump como 47º presidente de Estados Unidos, Milorad Dodik, máximo representante de la República Srpska, se exhibía ante los medios y en sus redes sociales ataviado con la ya icónica gorra de “Make America Great Again”. No muy lejos de la zona serbia de Bosnia y Herzegovina, en Belgrado, el centro de la urbe amaneció repleta de carteles que unían al mencionado Trump con Elon Musk, coronando el diseño un mapa de la conocida como “Gran Serbia”. Algo que se dio en diferentes ciudades de la geografía balcánica, incluyendo en Macedonia del Norte.
Estos son solo algunos ejemplos del impacto simbólico que ha tenido en parte de los territorios de la antigua Yugoslavia la victoria del candidato republicano en los últimos comicios presidenciales. Un reflejo de la clase política y su sociedad, que han abrazado la retórica de la ultraderecha occidental y que encaja tan bien con prácticas ya existentes en buena parte de los territorios.
Serbia y Kosovo han firmado un acuerdo de normalización económica que no aborda las cuestiones políticas, críticas para su materialización. En él parece haber mucho más interés para los Estados Unidos e Israel que para los propios firmantes.