Milorad Dodik, presidente de la República Srpska, entidad perteneciente a Bosnia y Herzegovina. Fuente: redes sociales de Dodik Desde que Christian Schmidt fuese designado como sustituto de Valentin Inzko en el puesto de Alto Representante para Bosnia y Herzegovina, las tensiones entre Sarajevo y la República Srpska han ido en aumento. Un proceso lento, paulatino, pero igualmente constante que desde febrero de 2024 se ha intensificado notablemente debido a la condena de su presidente, Milorad Dodik, a un año de cárcel y seis de inhabilitación política. Desde Banja Luka han ido dando pasos firmes hacia un horizonte que les aleja del resto de Bosnia y Herzegovina y trae de vuelta el fantasma de la secesión.
La fragilidad del Estado de Bosnia y Herzegovina es uno de los puntos cruciales de esta situación. Su formación fue resultado del armisticio de 1995, recogidas sus bases en los conocidos como Acuerdos de Dayton, firmados por yugoslavos, croatas y bosníacos. Así surgió un Estado multiétnico, encontrando un equilibrio entre las tres comunidades principales, tanto en lo político como en lo territorial.
De este modo, Bosnia y Herzegovina quedó dividida en tres entidades: la Federación, que integra a croatas y bosníacos; el distrito de
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