En la orilla sur del río Orinoco, grupos criminales libran una feroz disputa por el control de la industria minera estratégica de Venezuela. Fuente: Cancillería del Ecuador - bajo CC BY-SA 2.0 El petróleo lo inunda todo y reduce Venezuela a su simple extracción. El ascenso económico del país y su caída, los gobiernos militares, la era del Pacto de Puntofijo, el Caracazo, la Revolución Bolivariana, la intervención estadounidense contra el gobierno de Nicolás Maduro… todo tiene como matriz común las mayores reservas de crudo del mundo.
Pero entre la obcecación petrolera, hay una obra magna de la literatura venezolana que resuena: Canaima, de Rómulo Gallegos. Ambientada en la industria minera de la Cuenca del Orinoco de principios del siglo XX, su trama supone un recordatorio perenne de que Venezuela es mucho más que petróleo. La lucha por el control de este país es también una disputa por una de las mayores reservas de minerales estratégicos del mundo.
El declive de la industria minera venezolana
El río Orinoco actúa como una frontera interna y, por ende, articula geopolíticamente las dinámicas internas de Venezuela. Su orilla noroccidental baña Los Llanos, una fértil sábana que alimenta las grandes conurbaciones de la región
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