Firma de los Acuerdos Camp David en Washington entre Egipto e Israel. El entendimiento árabe-israelí servía para consolidar el control de Estados Unidos del Golfo Pérsico. Fuente: Oficina de Prensa del Gobierno de Israel
El control del Golfo Pérsico era una condición esencial para Estados Unidos para mantener su hegemonía en Oriente Medio y su posición dominante en el globo. La primacía en esta región significaba manejar los principales flujos de hidrocarburos, esenciales para la economía mundial. Hasta 1979, Washington había asegurado su influencia mediante una alianza con el Sah de Irán –que tenía el papel de gendarme con la libre venta de armas de la industria militar estadounidense– y las monarquías del golfo, asociadas con las multinacionales petroleras estadounidenses que gozaban de enormes márgenes de beneficios. Esta posición de equilibrio que impedía a los soviéticos u otras fuerzas poner en peligro los intereses norteamericanos se vio seriamente amenazada con la revolución en Irán.
El pilar iraní se derrumba
En 1979 la revolución islámica de Irán tiraba abajo el principal pilar de seguridad del esquema hegemónico que trataba de implantar Estados Unidos en Oriente Medio. Esto supuso un serio desafío para la potencia norteamericana que durante la década de 1970
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