Joe Biden, Fumio Kishida y Yoon Suk-yeol, máximos dirigentes de Estados Unidos, Japón y Corea del Sur, reunidos en una cumbre en Camp David en agosto de 2023. Asia Oriental, subregión de la que forman parte las dos Coreas, Japón, Mongolia, Taiwán y la República Popular de China, es uno de los ejes decisivos de la estrategia internacional de Estados Unidos. Desde que la administración Obama declarase que el foco de la política exterior estadounidense debía posarse sobre Asia-Pacífico –mediante la estrategia del Pivot to Asia–, ninguna administración –ni la de Trump, primero, ni la de Biden, después– ha puesto en duda el consenso del viraje hacia esta parte del planeta. La estrategia de presión sobre Pekín y de dominio de la región ha signado la proyección internacional del país y, en ella, las posiciones tomadas por Washington en Asia Oriental han jugado un rol determinante.
La presencia estadounidense en la subregión se caracteriza, además de por su informal cercanía al gobierno de la isla de Taiwán, por dos alianzas bilaterales: una, con Japón; la otra, con Corea del Sur. Tanto Tokio como Seúl son aliados orgánicos de la potencia norteamericana. De hecho, los dos adhieren a una
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