El Líder Supremo, Alí Jamenei, pronuncia un discurso en la provincia de Azerbaiyán Oriental, donde reside la comunidad azerí, una minoría étnica clave en Irán. Fuente: Khamenei.ir - bajo CC BY 4.0 Más allá del objetivo declarado de detener el programa nuclear iraní, Israel y Estados Unidos no ocultaron su intención de desestabilizar, o incluso derrocar, a la República Islámica durante los ataques aéreos del mes de junio. Para ello, muchos esgrimieron la existencia de distintas insurgencias y minorías étnicas como una especie de caballo de Troya dispuesto a colaborar en su caída.
Lejos de ser étnicamente homogéneo, Irán es un mosaico de pueblos históricamente marginados política, cultural y económicamente por una mayoría persa chií que concentra el poder político y militar, circunstancia de especial relevancia en un escenario de enfrentamiento largo y prolongado si el actual alto el fuego acaba saltando por los aires.
No obstante, esto no debe confundirse con un respaldo explícito de estos grupos a las acciones israelíes, sino que más bien refleja la complejidad y fragilidad del entramado social y político iraní. La posible caída de un régimen represivo contra ellos podría interpretarse, al menos inicialmente, como una oportunidad para el cambio y la reivindicación
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