Ilustración que muestra cómo el Imperio del Centro fue dividido por las potencias extranjeras, dando inicio al siglo de la humillación nacional en China. Los Estados modernos han utilizado la memoria histórica como una herramienta política e ideológica para impulsar los procesos de construcción nacional. Las ideas, creencias y significados que conforman el pasado han sido moldeados, sobredimensionados o manipulados por las élites para dar forma a la estructura identitaria del país, definiendo de esta manera cómo se ve a sí mismo el Estado, cuáles son sus intereses estratégicos y qué grupos sociales son considerados como miembros de la nación, entre otros.
Asimismo, los grandes acontecimientos históricos permiten a los líderes fortalecer la cohesión social, legitimar sus decisiones políticas o movilizar el apoyo popular. En definitiva, los elementos ideacionales, ampliamente ignorados por los análisis centrados en principios materiales, influyen en las dinámicas domésticas de los países y, en última instancia, en las relaciones internacionales.
En este contexto, el concepto de la humillación nacional desempeña un papel transcendental. Los traumas experimentados por una nación, si bien a priori pueden ser considerados como algo negativo, sirven para construir un discurso oficial con tintes victimisas o heroicos que permite utilizar el pasado para
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