Oblea de 12 pulgadas de bancos de pruebas microelectrónicos. Fuente: DrHughManning China y Estados Unidos están separados por Taiwán, el centro de la producción mundial de semiconductores. No es un dato nuevo, por eso sirve de punto de partida: Taiwán produce el 41% de todos los chips procesadores del mundo y alrededor del 90% de los más avanzados. La clave, o el matiz, está precisamente en este detalle: los chips más avanzados. Estados Unidos los tiene, porque los ha diseñado, es decir, es su propietario intelectual, mientras que China está intentando tenerlos. En algunos casos, robarlos. El estrecho es demasiado ancho. Prácticamente, una frontera.
Este vínculo entre semiconductores y la industria militar lo establece de forma muy contundente Chris Miller en su último libro, empezando por el propio título: Chip War. The Fight for the World’s Most Critical Technology. La denominada segunda crisis del estrecho se inició el 23 de agosto de 1958, cuando el ejército de la República Popular China atacó a las islas Quemoy. La gran invención de Jack Kilby, comunicada a sus compañeros tan solo cinco días después del inicio de los ataques a las islas Quemoy, de que todos los componentes de un
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