Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania, visita en Sumy a las tropas desplegadas en la región rusa de Kursk, el 4 de octubre de 2024. Fuente: redes sociales de Zelenski En una ofensiva relámpago, durante la última semana las fuerzas rusas han provocado el colapso del territorio que Ucrania ocupaba en la región de Kursk desde el verano pasado. Con este desenlace, Moscú logra arrancarse una espina que tenía clavada desde hacía meses y Kiev suma un nuevo fracaso militar que complica aún más su posición negociadora de cara a un posible final de la guerra.
Una operación sin solución de continuidad
Desde agosto de 2024, una parte de la región rusa de Kursk ha estado bajo ocupación de las fuerzas ucranianas. Lo que inicialmente comenzó como una ofensiva exitosa, especialmente en términos propagandísticos, terminaría con una estabilización del frente. Ni consiguió aliviar la situación de los defensores ucranianos en Donbás, ni tampoco logró forzar que Moscú sacara fuerzas de ese frente para trasladarlas a Kursk. Sin solución de continuidad, Kiev dio orden a sus fuerzas de atrincherarse y resistir, especialmente ante la creciente presión de los contraataques rusos en la zona.
La intención de Volodímir Zelenski de utilizar
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