Turquía redefine su estrategia en el conflicto de Libia por una combinación de intereses estratégicos, económicos e ideológicos. El 4 de junio de 2025, la Cámara de Representantes de Libia, el parlamento establecido en 2014 con sede en Tobruk, anunció que se estaba preparando para ratificar un acuerdo marítimo con Turquía. Dicho pacto fue alcanzado inicialmente en 2019 entre Ankara y el Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA), promovido por Naciones Unidas en 2016, con sede en Trípoli y facción rival de la autoridad asentada en Tobruk.
Para entender este embrollo, hay que tener en cuenta que el acuerdo se firmó en plena guerra civil entre las fuerzas vinculadas al parlamento de Tobruk, alineado con el general Khalifa Haftar, líder del Ejército Nacional Libio (LNA), y el gobierno de Trípoli, respaldado por Turquía.
En su momento, el presidente del órgano legislativo de Tobruk clasificó dicho acuerdo marítimo –que redefinió las Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) entre Turquía y Libia en el Mediterráneo Oriental– como inválido y una violación a la soberanía nacional, alineándose, en su lugar, con Grecia, Egipto y Chipre, países que también lo criticaron duramente.
Sin embargo, el 2 de junio, Tobruk decidió formar un comité técnico para evaluar
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