El general Sukarno, padre de la independencia de Indonesia, en visita oficial con los reyes de Países Bajos, antiguos colonizadores. Fuente: Nationaal Archief y Spaarnestad Photo - bajo CC BY-SA 3.0 NL Indonesia nació en los Países Bajos. El proyecto imperial neerlandés, relegado al papel de “Estado Colchón” por sus competidores europeos, encontró en el archipiélago malayo la restitución de su dañado orgullo nacional.
El siglo XIX supuso la expansión cuadrática de los dominios neerlandeses. Este crecimiento arrastró consigo las estructuras jerárquicas autóctonas y las redes comerciales regionales, así como las disputas relacionadas con estas, a una superestructura de explotación colonial que reduciría brevemente las tendencias políticas de fondo del archipiélago a una mera dialéctica del “amo y el esclavo” adaptada al contexto colonial.
Dicha dialéctica daría como resultado que La Haya se viera atrapada en un constante dilema moral entre un supuesto deber civilizador y la mantención del extractivismo económico. De esta ambivalencia surgiría el movimiento anticolonial indonesio.
Los legisladores neerlandeses habían considerado como parte de su encomienda civilizatoria divina la provisión de una educación europea para sus súbditos. La consecuencia directa de ello fue la integración de una parte sustancial de las aristocracias locales al sistema educativo
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