Una eventual victoria de Donald Trump el 5 de noviembre marcaría notablemente varias regiones. En el caso de la Unión Europea, por ejemplo, tal como escribía Pablo del Amo, las consecuencias podrían ser hondas: “Estados Unidos hace tiempo que ha dado un giro hacia un mayor unilateralismo, fruto del contexto geopolítico de competición entre potencias en un mundo multipolar. Trump es la expresión más radical de ese cambio hacia el America First y una mayor vasallización de Europa”.
América Latina no estaría exenta de alteraciones en su particular –y cambiante– ecosistema político en el caso de que Donald Trump lograse retornar a la Casa Blanca, todavía en mayor medida si se considera el retroceso sufrido por los movimientos de la izquierda regional y el auge de líderes políticos encuadrados en la derecha impugnatoria.
Si el candidato republicano se hiciese con los 270 compromisarios que se necesitan para asegurar la mayoría en el Colegio Electoral, no cabe duda de que su presidencia trastocaría la región en clave política e ideológica; no en vano algunos gobiernos de derecha radical –como el de Javier Milei en Argentina–
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