Vladimir Putin, presidente de Rusia. Fuente: el Kremlin Lo que Moscú esperaba que fuera una operación rápida de unos días se ha convertido en una guerra a gran escala que supone un gasto de recursos inmenso. En Ucrania, el ejército ruso ha sufrido varios serios reveses que han puesto en tela de juicio su prestigio y capacidad. Las sanciones económicas y el apoyo occidental a Ucrania han hecho que Rusia tenga que dedicarle toda su atención y esfuerzos a la guerra mientras ha tenido que ceder influencia en otros escenarios como el Cáucaso. Además, Moscú es ahora más dependiente de Pekín que nunca.
Un ejercito ruso con amplias deficiencias
Con su invasión, Rusia pretendía conseguir varios objetivos estratégicos en Ucrania. En primer lugar, un cambio de régimen que hiciera que Kiev mantuviera una posición menos hostil hacia Moscú, asegurando una suerte de neutralidad para evitar un alineamiento total con la Unión Europea y la OTAN. Segundo, una desmilitarización del país, es decir, que las fuerzas armadas ucranianas no supusieran una amenaza para Rusia, ni para sus aliados –por ejemplo, Bielorrusia–. Tras más de un año y medio de guerra, Moscú parece que aún está lejos de conseguir alguno de estos
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