Radiografía de una victoria pírrica del Partido Laborista británico
Por Carlos Usano·
Keir Starmer, primer ministro de Reino Unido y líder del Partido Laborista, en una comparecencia pública celebrada en Downing Street. Fuente: Number 10 - bajo CC BY-NC-ND 2.0
Los primeros meses de Keir Starmer como primer ministro del Reino Unido no han sido todo lo apacibles que podría haberse esperado de una legislatura que nació marcada por la derrota sin paliativos del Gobierno conservador precedente y la victoria aparentemente arrolladora del Partido Laborista, que llevaba desde 2005 sin ganar unas elecciones generales.
Un Gobierno paradójicamente débil
A lo largo de los últimos meses, Starmer ha tenido que enfrentarse a diversas crisis domésticas, a un conato de rebelión interna en su propio partido y a un escenario internacional particularmente agitado. La continuidad de la situación inflacionaria y de las huelgas en el transporte y otros servicios públicos han minado su popularidad y generado desilusión entre buena parte del electorado laborista y del resto de la sociedad.
Al mismo tiempo, los presupuestos presentados por el Gobierno, que pretende hacer reflotar la economía del país a través de amplias subidas de impuestos y recortes del gasto público, han provocado un fuerte malestar entre los sindicatos y el ala izquierda de la formación
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