Base militar subterránea de Irán. Fuente: Sepahnews El 8 de diciembre de 2024, el mundo fue testigo de la caída de la dinastía Asad en Siria tras 53 años en el poder. Este acontecimiento no solo plantea la posibilidad de un efecto dominó en Irán, uno de sus países vecinos, sino que también genera dudas sobre un posible cambio en la dinámica de la región.
La relación entre el Irán de los ayatolás y la Siria de los Asad se caracteriza como una alianza estratégica y pragmática, fundamentada en intereses políticos, militares y geopolíticos compartidos. Siria fue el único país árabe que apoyó a Irán durante su guerra con Irak entre 1980 y 1988. Asimismo, Teherán mantuvo su respaldo al gobierno de Asad después del estallido de la guerra civil siria en 2011 a pesar de la oposición de otros actores árabes.
Así pues, su relación ha resultado ser mutuamente beneficiosa. Desde la perspectiva iraní, Siria ha servido tanto como un trampolín para proyectar su influencia hacia el Mediterráneo como un corredor estratégico para suministrar apoyo logístico y armamentístico a Hezbolá en Líbano y a Hamás en la Franja de Gaza. A cambio, Irán ha proporcionado a Bashar al-Asad combatientes,
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