La guerra en Irán vuelve a evidenciar que Pedro Sánchez aspira a que España tenga una política exterior propia, aunque esa aspiración también encuentra sus límites. Fuente: CC-BY-4.0: © European Union 2023 - Source: EP - European Parliament La política exterior de Pedro Sánchez se ha caracterizado por un intento deliberado de dotar a España de una identidad propia en el escenario internacional. Frente a la tradicional cautela diplomática española, el actual Gobierno ha apostado por posiciones más visibles y, en ocasiones, más confrontativas dentro del marco occidental.
Esta estrategia busca situar a España como un puente entre Europa y el llamado sur global, al tiempo que proyecta la imagen de un liderazgo progresista en un contexto internacional cada vez más polarizado. Sin embargo, esa aspiración convive con limitaciones estructurales, contradicciones políticas y una influencia internacional todavía modesta.
España ha tratado históricamente de presentarse como un país con capacidad de interlocución entre distintas regiones del mundo. Su posición geográfica, su historia y su lengua la vinculan con América Latina, el Mediterráneo y buena parte del mundo en desarrollo. El Gobierno de Sánchez ha intentado reforzar esa vocación.
En un momento de creciente rivalidad entre grandes potencias y de fragmentación
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