En el marco del fin del orden liberal liderado por Estados Unidos, la política exterior de España adolece de varios problemas estructurales. Fuente: La Moncloa - bajo CC BY-NC-ND 2.0 El contexto internacional ha cambiado drásticamente en los últimos años. El colapso del orden liberal internacional, la consolidación de un sistema multipolar y el repliegue estratégico de Estados Unidos han transformado las reglas del juego global.
Europa, acostumbrada a operar bajo un paraguas de seguridad externalizada y principios normativos compartidos, se enfrenta hoy a un entorno crecientemente competitivo, inestable y regido por lógicas de poder. Lo mismo aplica a la política exterior de España. En este nuevo escenario, las potencias europeas deben redefinir su papel, asumir mayores responsabilidades y dotarse de una estrategia propia.
España, sin embargo, parece mal preparada para afrontar este giro de época. A pesar de su inserción en las estructuras euroatlánticas, de su posición geoestratégica y de su peso económico en el seno de la Unión Europea, el país adolece de una cultura estratégica consolidada que le permita navegar con autonomía y eficacia en el nuevo desorden global.
La ausencia de una visión clara sobre su lugar en el mundo, la debilidad institucional de su
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