En un contexto de retorno de las guerras convencionales, las carencias del poder de fuego de España lastran su capacidad militar. Fuente: Depositphoto El retorno de la guerra convencional ha devuelto al centro del debate capacidades que durante años quedaron relegadas por la primacía de los conflictos de baja intensidad. Misiles de largo alcance, artillería cohete y defensas antiaéreas ya no son capacidades accesorias, sino pilares centrales de la disuasión moderna y de la capacidad real de combate que determinan el poder de fuego de España.
La guerra en Ucrania, los conflictos recurrentes en Oriente Medio y la creciente proliferación de drones y misiles de precisión han demostrado que el poder de fuego vuelve a ser decisivo, no solo para ganar batallas, sino para condicionar la escalada, disuadir agresiones limitadas y proteger el propio territorio frente a ataques sostenidos.
En este nuevo entorno estratégico, la posición española presenta una vulnerabilidad difícil de ocultar. España carece de una capacidad creíble de ataque en profundidad y dispone de un sistema de defensa antiaérea fragmentado, con medios insuficientes y parcialmente obsoletos.
Para ampliar Pablo del Amo: "En España no hay una verdadera cultura estratégica y de defensa" → Estas carencias limitan la proyección de poder, reducen la credibilidad disuasoria y obligan a una dependencia estructural de aliados en ámbitos
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