La política de "paz total" del presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha descarrilado con la guerrilla del ELN y la creciente espiral de violencia en Catatumbo. Fuente: Nelson Cárdenas - bajo CC BY-NC-ND 2.0
Un mes después del estallido de violencia en el Catatumbo, la guerra llegó a la propia capital del departamento de Norte de Santander y principal paso fronterizo entre Venezuela y Colombia. El 19 de febrero, presuntos miembros del Ejército de Liberación Nacional (ELN) atacaron a policías del Comando de Atención Inmediata (CAI), al tiempo que un artefacto explosivo detonó destruyendo el peaje internacional de Villa del Rosario. Ante ello, la respuesta de la Casa de Nariño ha sido anunciar un plan integral de seguridad suscrito por las autoridades nacionales y locales, así como por las instituciones castrenses y policiales.
Cúcuta recibe el impacto del conflicto entre el ELN y el Frente 33 del Estado Mayor de los Bloques y los Frentes (EMBF), una disidencia del Estado Mayor Central (EMC), que a su vez es una disidencia de las FARC. Ambos contendientes pugnan por el control de una región transnacional, el Catatumbo, conocida por sus yacimientos de petróleo y los cultivos de hoja de coca.