Moldavia en busca de su identidad: ¿hay futuro para el país?
Por Alejandro López Canorea·
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea y Maia Sandu, presidenta de Moldavia. Fuente: Comisión Europea
Dos fuerzas en auge se ven colisionando a ambos lados de la frontera entre Rumanía y Moldavia. La cuestión de la integración ha resonado durante décadas desde la disolución de la Unión Soviética y la conformación de un statu quo aparentemente estable de relaciones entre Rusia y Occidente. Pero especialmente en lo concerniente a los nuevos Estados resultado de la disolución, la caída del ente soviético suponía la reapertura de dos movimientos: la construcción de un mundo unipolar donde Estados Unidos podía ser el gran policía del mundo y el auge de numerosos nacionalismos dirigidos a la liquidación del socialismo en favor de enfoques étnicos.
La herencia postsoviética de Moldavia
El caso moldavo fue, por su idiosincrasia interna, uno de los primeros en estallar, quedando Transnistria y Gagauzia como dos regiones díscolas al poder moldavo. La primera, con conflicto armado incluido, quedaría en un limbo internacional donde ningún país del mundo reconocería una independencia que de facto posee. La segunda mantendría el equilibrio que mejor representa la Moldavia moderna: apoya y forma parte de las instituciones estatales moldavas, pero rechaza una
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