Pastillas de fentanilo requisadas por la Administración de Control de Drogas (DEA) de Estados Unidos Kensington es un barrio de Filadelfia, ubicado en Pensilvania. Es considerado en Estados Unidos como la zona 0 de la grave crisis que ha estallado por el consumo de drogas, especialmente de fentanilo y la xilacina. En internet circulan miles de vídeos de multitud de lugares del país en los que se pueden ver a decenas de personas en un estado parecido a un zombie.
Los efectos del fentanilo, junto con el resto de drogas, están alcanzando niveles catastróficos, llegando a considerarse como una epidemia. Solo en 2021 se han registrado al menos 106.699 muertes por sobredosis, de los cuales 80.411 han sido específicamente por opioides. Estos datos se centran en los fallecidos directamente por una sobredosis; no se está incluyendo aquellos casos que, por ejemplo, fruto de su adicción desarrollan distintas patologías que desembocan en defunción. Sin duda es un auténtico drama humano para la primera potencia a nivel mundial.
Pese a que el impacto en vidas humanas es terrible, los efectos del fentanilo y de las drogas sintéticas en general va más allá, al punto de generar fricciones en las relaciones
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