Mural de Banksy sobre el Brexit que en la actualidad puede reflejar también la decadencia de la Unión Europea en el escenario internacional. Fuente: Dunk - bajo CC BY 2.0 DEED
La Unión Europea lleva en un proceso de decadencia progresiva desde la crisis financiera de 2008. No solo es que la productividad europea haya decaído, sino que el envejecimiento de la población y las sucesivas crisis han hecho tambalear los cimientos de lo que antes fue el centro geopolítico mundial. En este sentido, la dependencia hacia Estados Unidos en un mundo cada vez más inestable y militarizado supone el riesgo de que la Unión Europea se convierta en un campo de juego de las potencias y no en un jugador. La decadencia no es inevitable, pero es necesaria una reflexión profunda que lleve a una reforma para que pueda enfrentarse a los desafíos futuros.
Una economía europea con problemas
En 2023, los Estados miembros de la Eurozona han registrado un crecimiento del 0,7% de su PIB. Un aumento muy débil, máxime cuando lo comparamos con el 2,1% de su socio transatlántico. Si tomamos como referencia los años anteriores a la crisis del coronavirus, el PIB real de Estados Unidos
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