Tras la disolución del PKK, el encaje del pueblo kurdo en Turquía y en otros países de la región abre incógnitas. Fuente: Kurdishstruggle - bajo CC BY 2.0 Coincidiendo con el equinoccio de primavera, millones de kurdos salieron a las calles de sus localidades para celebrar el Newroz. Este acontecimiento, que puede considerarse como el Año Nuevo para los kurdos en Turquía, así como para los que habitan en el resto del mundo, y para otros pueblos de Oriente Medio, suele convertirse en un gran acto de reivindicación de los derechos de este pueblo y, a menudo, suele estar severamente restringido por los Estados en los que se asienta. De forma habitual, la celebración acaba con fuertes cargas policiales y numerosos detenidos.
Sin embargo, este año el ambiente era distinto, marcado por una mezcla de celebración e incertidumbre por los últimos acontecimientos que han sacudido la región. Un año antes, pocos podían prever que el líder histórico del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), Abdullah Öcalan, realizaría un llamado claro y contundente a la deposición de las armas y a la disolución del grupo, así como la caída del largo gobierno de la familia Assad en Siria y sus
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