Imagen satelital que muestra la reducción de la superficie del lago Urmia, ubicado en Irán, Fuente: NASA Obligado a la autosuficiencia alimentaria, que no termina de alcanzar, Irán vive al borde del agotamiento hídrico. Mientras empresas vinculadas al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica emprenden grandes proyectos de construcción de presas, el país va perdiendo sus aguas subterráneas, además de las superficiales de sus lagos de agua dulce y salada. Después de más de cuarenta años de sanciones, sus objetivos coercitivos se difuminaron en nuevas relaciones comerciales y financieras, envolviendo triangulaciones y desviaciones entre Irán y sus principales socios, no solo regionales, sino internacionales.
Escasez de agua y seguridad nacional
En Irán el agua es uno de los elementos más importantes de cohesión e integración territorial. En las últimas dos décadas el país perdió 200 kilómetros cúbicos de su almacenamiento total de agua y los niveles de las aguas subterráneas vienen descendiendo de media unos 28 centímetros al año. Una “nación en bancarrota hídrica", según las palabras del investigador iraní Kaveh Madani, antiguo vicepresidente adjunto para el Medio Ambiente. Al borde del agotamiento ecológico, Irán se ha vuelto vulnerable.
Dado que la estabilidad de los recursos y sistemas hídricos
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