La administración Trump parece reacia a intervenir en Haití, pero actores privados, como Erik Prince y su empresa Vectus Global, sí están dispuestos a hacerlo. Fuente: United Nations Photo - bajo CC BY-NC-ND 2.0 Desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse en julio de 2021, Haití se encuentra atrapada en una de las peores espirales de violencia de su historia reciente, que ha terminado por colapsar las instituciones del Estado. Solo en 2024, más de 5.000 personas murieron en los enfrentamientos entre pandillas y fuerzas de seguridad, mientras casi un millón fueron desplazadas de sus hogares.
El vacío de poder generado por el colapso de las instituciones haitianas no se limita a sus fronteras puesto que la expansión de las pandillas amenaza con desbordar a los países vecinos del Caribe. La situación en la Hispaniola también se sigue con creciente preocupación desde Estados Unidos, que observa cómo en Haití, situado a poco más de 1.000 kilómetros de Florida, se desata una tormenta perfecta de inestabilidad.
Pese a esto, y debido al complejo legado de Haití en la política estadounidense, la Casa Blanca muestra un notable recelo hacia cualquier tipo de intervención directa. Esta falta de apetito de Washington, sumada a
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