El bloqueo del estrecho de Ormuz y la guerra de Irán están provocando una crisis energética en varios países del Sudeste Asiático. Fuente: Matthew Smith - bajo CC BY 2.0 El estrecho de Ormuz resuena a lo largo y ancho de toda Asia. El acelerado crecimiento de las economías asiáticas durante las últimas tres décadas no se entiende sin los miles de millones de barriles de petróleo y los otros tantos millones de metros cúbicos de gas natural que las naciones ribereñas del golfo Pérsico exportaban anualmente.
Desde Japón hasta Nueva Zelanda, la guerra entre la coalición Estados Unidos-Israel e Irán supone un shock económico al poner fin abruptamente a dicho flujo comercial.
De este modo, ante un panorama incierto, el acceso directo a yacimientos de combustibles fósiles se revaloriza enormemente. Así es como la conmoción energética tiene el potencial de transformarse en un realineamiento geopolítico cuyo uno de sus epicentros sería el Sudeste Asiático.
Filipinas contra las cuerdas
El 6 de marzo de 2026, apenas cinco días después del inicio del conflicto, el Palacio de Malacañang se veía obligado a imponer medidas extraordinarias con el fin de reducir el consumo diario de combustibles fósiles. La administración de Ferdinand Marcos
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