Atacar plantas desalinizadoras en el golfo Pérsico podría provocar una crisis de agua potable en una región con 60 millones de habitantes. Fuente: Depositphoto El agua es el sustento de toda vida y su suministro uno de los pilares de cualquier civilización o sistema político. La actual guerra en Oriente Medio ha registrado en su primer mes numerosos ataques cruzados contra instalaciones militares, civiles, energéticas e industriales.
No obstante, un solo bombardeo contra dos plantas desalinizadoras, una iraní y otra bareiní, ha hecho emerger un gran temor en todo el golfo Pérsico: el suministro de agua potable para buena parte de la población podría quedar expuesto al fuego cruzado.
La dependencia de las plantas desalinizadoras en los países ribereños del golfo Pérsico es enorme. Irán abastece de agua a toda su población de la costa sur mediante estas instalaciones. Baréin, Kuwait, Catar u Omán dependen en más de un 90% de la desalinización del agua de mar en la totalidad de su territorio.
Es decir, el cese de esta actividad podría provocar una crisis humanitaria en cuestión de horas o días. Y para ello no sería necesaria su destrucción completa: bastaría con dañar una subestación, una tubería, una turbina
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