Combatientes del Ejército Arakan en Myanmar. Fuente: YouTube - vídeo promocional del Ejército Arakan Artículo escrito por Alex Santos Roldán y Àngel Marrades
Myanmar se deshilacha a medida que las alianzas y pactos forjados durante la pacificación de los años 90 se deshacen. El golpe de Estado de 2021 ha actuado como un catalizador de todas las tensiones socioeconómicas y políticas del proyecto del Estado-nación bamar. En la actualidad, Min Aung Hlaing, el arquitecto y mayor beneficiario del golpe, debe hacer frente a la sublevación de las facciones prodemocráticas, a una multitud de etno-nacionalismos contrapuestos, a intereses extractivistas cruzados y a las crecientes implicaciones geopolíticas de la guerra civil birmana.
Desde octubre de 2023 las fuerzas rebeldes se encuentran a la ofensiva en la periferia, donde han puesto al Consejo Administrativo del Estado (SAC) contra las cuerdas. La posición estratégica de la junta militar es cada vez más débil. Simultáneamente, en el núcleo bamar la guerrilla se intensifica, mientras en la periferia las organizaciones de resistencia étnica (EROs) amenazan con cortar el acceso a los lucrativos mercados y rutas comerciales fronterizas, multiplican su territorio y fuerzan al Tatmadaw –el ejército birmano– a dispersar sus fuerzas.
Si hay un frente del
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