Los fallos estratégicos Trump revelan una política exterior errática, marcada por la sobreextensión militar y la pérdida de influencia global. Fuente: Trump White House Archived Donald Trump se presentó como el presidente “hacedor de la paz”, el dirigente que pondría fin al intervencionismo militar de Estados Unidos y reduciría las guerras. Esa narrativa le granjeó el rechazo de los sectores neoconservadores de su propio partido, pero también generó expectativas en parte de la opinión pública norteamericana, cansada de conflictos interminables.
Sin embargo, apenas diez meses después de asumir el cargo, el balance es distinto. Trump no ha logrado acercar una paz en Ucrania, en Oriente Medio se ha alineado sin fisuras con Israel en su guerra contra Irán y ha mantenido el respaldo al genocidio en la Franja de Gaza. El ataque ordenado contra la República Islámica resume bien la naturaleza de su política exterior: un intento de negociación interrumpido por una acción militar arriesgada que abre la puerta a una escalada mayor.
Actualmente, Estados Unidos enfrenta un grave problema estratégico. Washington mantiene recursos desplegados en varios continentes –Europa, Asia, América y Oriente Medio– con el objetivo de preservar su hegemonía global.
No obstante, cuanto más se multiplican los focos
Este contenido es para suscriptores
Suscríbete para seguir leyendo y sostener el periodismo independiente.
Ver planes Ya estoy suscrito