Motín de Wagner. Tropas de la compañía militar privada en un tanque en Rostov del Don. Fuente: Telegram de Wagner Los recientes acontecimientos en Rusia plantean una nueva dimensión en la guerra de Ucrania, la posibilidad como dijo el propio presidente ruso, Vladimir Putin, de un conflicto civil. De alguna forma sería una extensión de la propia guerra que viene produciéndose desde 2014 en Ucrania, que también ha tenido su principal aspecto civil en el periodo que va hasta 2022; pero a su vez sería el resultado de una más larvada crisis, cuyos rastros ya podemos hallar en aquella ‘primavera eslava’ de principios de la década de 2010. Todo ello acompañado de un empuje sostenido del bloque atlantista, cuyas sanciones, junto a la movilización militar, han tensionado a la sociedad rusa.
Sin embargo, es precipitado adelantarnos y ver, como han hecho muchos, la idea de una guerra civil en la superpotencia eslava como algo ya decidido, casi un hecho consumado. El motín de Wagner ha sido un conato que ha mostrado las costuras del quebradizo tejido que sostiene al Estado ruso, y por lo tanto importante, pero las divisiones entre la clase dominante rusa no están, todavía, lo suficientemente agudizadas.
Este contenido es para suscriptores
Suscríbete para seguir leyendo y sostener el periodismo independiente.
Ver planes Ya estoy suscrito