Soldado del ejército de Suecia. Pese a la famosa neutralidad sueca, el país tiene uno de los ejércitos más avanzados de Europa. Fuente: Brindefalk - bajo CC BY 2.0 DEED
Durante algo más de un año las advertencias sobre un aparente “fin de la neutralidad sueca” parecen llegar a su final con el entendimiento entre el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan y el primer ministro sueco Ulf Kristersson para la adhesión de Suecia a la OTAN. Con tal cobertura mediática quizá es importante destacar por qué la idea de Suecia como un país neutral y mediador debe ser revisada y las implicaciones que esto tiene para la Alianza Atlántica y para el continente.
Repaso histórico de la política de neutralidad sueca
Los famosos 200 años de neutralidad son esenciales en la proyección exterior del país. Sin embargo, este periodo debe matizarse y es complicado acercarse a su análisis debido a la delgada línea que separan los proactivos esfuerzos para mantener la neutralidad, de las condiciones geopolíticas o de la misma suerte.
Hacia el siglo XVII, el Imperio Sueco se convirtió en uno de los grandes actores europeos de la época, extendiéndose por gran parte de Escandinavia, el norte alemán
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