Joe Biden, cuadragésimo sexto presidente de Estados Unidos. Fuente: Cuenta de X del presidente Biden.
Tras su elección en las elecciones presidenciales de 2020, Joe Biden prometió poner orden a la errática política exterior estadounidense liderada por Donald Trump. “America is back” enunció Biden, un eslogan que llenó de esperanzas sobre todo a sus socios occidentales. Sin embargo, cuatro años después, el legado de la Administración Biden queda muy en entredicho tras las sucesivas crisis en Europa y Oriente Medio. El mundo es un lugar mucho más inestable que en 2020, pero, sobre todo, Washington está en una situación estratégica más precaria que cuando Biden tomó el cargo.
Ucrania, una guerra de alta intensidad en Europa
Cuando Biden asumió el poder, Rusia no estaba entre sus prioridades. Para el presidente demócrata, el principal desafío a la hegemonía estadounidense se encontraba en Asia-Pacífico con el ascenso de China. Los primeros pasos de la Administración Biden se deben leer en ese sentido, como la retirada de Afganistán y la firma del Tratado AUKUS. En este contexto, Moscú vio el momento propicio para entablar una conversación con Washington e intentar resolver la cuestión ucraniana encallada tras el formato de Minsk, un marco
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