Desde su independencia, la política de Madagascar ha estado dominada por la influencia de Francia, el papel del ejército y la concentración de poder en manos de unas pocas élites. Fuente: GovernmentZA - bajo CC BY-ND 2.0 El ejército de Madagascar ha tomado el control del país. Tras semanas de masivas protestas contra el gobierno, un motín protagonizado por el grupo de élite Cuerpo de Administración de Personal y Servicios del Ejército de Tierra (CAPSAT) acabó provocando la huida del presidente Andry Rajoelina con la aparente ayuda de Francia.
Tras intentar disolver la Asamblea Nacional, esta se reunió para destituirle por abrumadora mayoría. De inmediato, el CAPSAT utilizó el vacío de poder para tomar las riendas de Madagascar bajo el mando del coronel Michael Randrianirina. El viernes 17 de octubre, Randrianirina juró como nuevo presidente malgache. Según su intención declarada, un consejo liderado por militares gobernará la isla por un periodo transitorio de dos años, tras el que deberían celebrarse elecciones.
La oposición política y la sociedad civil que lleva semanas en las calles ven con optimismo cauteloso esta nueva situación, conscientes de que no representa el final de la grave crisis política, social y económica que vive el país
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