El Ejército de Tierra español reúne capacidades destacadas, pero arrastra carencias clave: necesita mejorar su reclutamiento y acelerar la modernización de sus blindados y de su artillería. Fuente: 7th Army Training Command - bajo CC BY 2.0 Durante décadas, España profesionalizó y adaptó su Ejército de Tierra a misiones limitadas y de estabilización. Con Ucrania, el tablero cambió. La necesidad de sostener operaciones en escenarios de alta intensidad ha expuesto debilidades que ya no pueden maquillarse con rotaciones cortas ni con presupuestos fraccionados.
Tres frentes condicionan la operatividad de la fuerza terrestre del Ejército español: el personal, los medios acorazados y la artillería. La cuestión ya no es cuántos soldados o cañones hay, sino para qué están, con qué se sostienen y cómo se integran.
El Ejército de Tierra: reclutar, retener, reciclar
La fuerza terrestre del Ejército español vive una paradoja que se repite en buena parte de Europa. Cuenta con profesionales muy bien valorados en operaciones, con iniciativa y capacidad de adaptación, pero opera con efectivos tensos, salarios poco competitivos y una reserva débil. El resultado es un modelo exigente con su propia gente que se sostiene por inercia y vocación, no por un diseño que apueste de forma
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