La Ciudad Vieja de Jerusalén es de suma importancia para el cristianismo, el judaísmo y el islam, por lo que es un gran foco de tensiones. Fuente: Robert von Oliva - bajo CC0 1.0 Si atendemos a los preceptos de las tres principales religiones monoteístas del planeta, la Ciudad Vieja de Jerusalén acoge, en menos de un kilómetro cuadrado, el lugar donde Jesús fue crucificado y resucitó, donde Mahoma ascendió al cielo y donde el rey Salomón construyó el Primer Templo del Reino de Judá. Todo esto convierte este pequeño territorio en un gran foco de tensión, en un lugar donde los intereses políticos y estratégicos se entrecruzan con los sentimientos religiosos –con lugares sagrados como la Explanada de las Mezquitas o el Muro de las Lamentaciones– y donde la historia se adapta a intereses particulares.
Sin embargo, a primera vista, si uno pasea por las calles de la Ciudad Vieja, esta se muestra como un microcosmos multicultural y como el ejemplo de cohabitación y tolerancia que ha debido ser durante largos periodos de su historia. Los vestidos tradicionales de los más religiosos se mezclan con miles de turistas de todo el mundo que recorren los barrios cristiano, musulmán, judío
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