La posibilidad de una invasión de Taiwán por parte de China crece en tanto los beneficios de la paciencia estratégica se ven erosionados. Fuente: Deposithpotos Durante años, la República Popular de China pudo tratar la cuestión de Taiwán como un horizonte. Algo inevitable, pero gestionable con tiempo, erosión y presión calibrada. Esa fue la lógica de la paciencia estratégica, avanzar sin precipitar una guerra, convertir la reunificación en una certeza gradual y hacer que el coste político de resistirse aumentara con el paso de los años.
Y para sostener esa apuesta, Pekín no necesita improvisar un relato. El marco político ya existe y la reunificación está integrada en la narrativa nacional y en la legitimidad del partido.
Ese equilibrio, sin embargo, ya no opera en un entorno estable. En la última década, y especialmente en 2025, la rivalidad con Estados Unidos se ha endurecido, mientras la tensión militar alrededor del estrecho se ha intensificado.
En ese cambio de clima se abre un debate delicado entre las paredes del Zhongnanhai, el complejo donde se concentra el poder estatal chino. Cuando el futuro empieza a percibirse como más hostil que el presente, el tiempo deja de sentirse como un aliado y la
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