El jefe adjunto de la junta militar de Níger, el general Mody, durante su visita a Malí.
Tras la cumbre de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) –en la que se subrayaba el valor de la diplomacia, pero, a su vez, en la que se ordenaba la activación inmediata de la fuerza de reserva– y las declaraciones del presidente de Costa de Marfil, las reacciones internacionales no se han hecho esperar. La Unión Africana ha lanzado un comunicado en el que apoyan la decisión de la CEDEAO y piden a la junta militar de Níger que detenga la escalada de tensiones y liberen inmediatamente al presidente Bazoum. Al mismo tiempo había una reunión programada para el día 12 de agosto, pero esta ha sido pospuesta hasta la próxima semana, sin dar explicaciones de este retraso.
Por el momento Costa de Marfil, Benín y Nigeria han anunciado que aportarán tropas a la intervención en Níger. RFI ha reportado que Guinea Bissau también contribuirá con soldados, pero hasta la fecha el gobierno no ha realizado declaraciones. No obstante, pese a la narrativa de la CEDEAO, lo cierto es que una invasión de esta envergadura tiene una gran
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