El bloqueo del estrecho de Ormuz sería de vital importancia para las importaciones de petróleo en Asia, con especial impacto en China, Japón y Corea del Sur. Fuente: İrfan Simsar El bombardeo conjunto de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán ha convertido de nuevo al estrecho de Ormuz en el epicentro de la seguridad energética mundial.
Ormuz conecta el golfo Pérsico con el mar Arábigo y está flanqueado al norte por Irán y al sur por Omán y Emiratos Árabes Unidos, lo que le convierte en un cuello de botella estratégico, cuya clausura tendría efectos sistémicos en los mercados energéticos.
Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), por este paso transitan a diario alrededor de 21 millones de barriles, equivalentes a una quinta parte del consumo mundial del petróleo.
Su cierre constituye una de las mayores amenazas para la economía global, en particular por su impacto sobre el suministro de crudo y gas, y por extensión, la estabilidad de los mercados financieros.
El golpe sería especialmente duro para Asia, que depende de esta ruta marítima para abastecer la mayor parte del gas y del petróleo que consume el continente; dentro de este
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