Somalia atraviesa un proceso de balcanización en torno a sus estructuras federales, mientras Mogadiscio sigue siendo incapaz de imponer su autoridad central. Fuente: AU-UN Ist photo / Stuart Price A menudo calificado como un “Estado fallido”, Somalia se enfrenta actualmente a muchos desafíos que ponen al país ante uno de sus mayores retos a su integridad territorial. En medio de una de las mayores ofensivas del grupo yihadista Al Shabab y con el Estado Islámico presente en el norte, diversas regiones se enfrentan entre sí y con el gobierno central, al tiempo que el reconocimiento de la independencia de Somalilandia planea más que nunca sobre la comunidad internacional.
Todo ello llama la atención en un país que cuenta con algo de lo que carecen la inmensa mayoría de los Estados africanos: una casi total homogeneidad étnica y religiosa. Sin embargo, el sentimiento de pertenencia clánica sigue profundamente arraigado, a menudo por encima del de pertenencia a una misma nación somalí.
Este y otros motivos se encuentran detrás del proceso de la llamada “balcanización” a la que parece dirigirse Somalia, con unas instituciones estatales débiles y un gobierno central con un control territorial escaso.
El papel de los líderes clánicos
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