Una aeronave de la Guardia Nacional Aérea de Estados Unidos en Camp Raven, una base temporal situada en el norte de Groenlandia, en pleno corazón del Ártico. Fuente: The National Guard - bajo CC BY 2.0 El 27 de agosto de 2025, el Ministerio de Exteriores de Dinamarca llamó a consultas al jefe de la misión diplomática estadounidense en Copenhague tras la publicación en prensa de presuntas operaciones de influencia en Groenlandia, ubicada en pleno corazón del Ártico, llevadas a cabo por ciudadanos de Estados Unidos.
El gobierno danés calificó estas actividades, centradas en agitar el debate sobre la relación entre Nuuk y Copenhague, como una injerencia inaceptable. Washington, por su parte, negó que se tratara de una iniciativa gubernamental y aseguró que eran meras actuaciones privadas, pero la cobertura mediática apuntó a una posible vinculación con el entorno político del presidente Donald Trump.
El episodio no se produjo en un vacío. Ya a comienzos de 2025, Donald Trump había insistido públicamente en su intención de comprar Groenlandia, retomando la propuesta lanzada en 2019. Con ello situó a la isla en una posición especialmente delicada, en medio de un cruce de caminos. El debate sobre un posible referéndum de independencia
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