Sectores de la alt-right asaltan el capitolio el 6 de enero de 2021 tras la derrota electoral de Donald Trump. Fuente: Tyler Merbler - bajo CC BY 2.0 La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca tras las elecciones de 2016 constató la asociación táctica entre el líder republicano y la alt-right –derecha alternativa, por su traducción al español–, hasta entonces agrupada en torno a organizaciones marginales de la esfera política de la derecha radical norteamericana. Hasta agosto de 2017, dicha simbiosis fue en cierta medida orgánica, debido al rol de Steve Bannon como consejero presidencial.
Los lazos simbólicos entre el trumpismo y la alt-right encuentran su reflejo en la demografía electoral de Estados Unidos, tal como evidenció un trabajo de Cook Political. En 2020, en los comicios que otorgaron a Joe Biden la presidencia del país, el 62% de los votantes blancos sin estudios universitarios –el grupo socioeconómico más grande de Estados Unidos, constituyendo un 44,3% del padrón electoral– habrían votado por el Partido Republicano. Los votantes blancos con estudios universitarios, negros, hispanos, asiáticos y “otros” se inclinaron por el Partido Demócrata.
No obstante, no ha de establecerse una conexión absoluta ni una causalidad plena: ni el
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