Vladímir Putin, presidente de Rusia, y Raul Jadyimba, ex presidente de Abjasia (2014-2020). Fuente: Kremlin. Bajo CC BY 4.0 El final de la Unión Soviética supuso un terremoto político difícilmente cuantificable. El principal adversario de Estados Unidos cayó derrotado, dinamitando el orden bipolar, acabando con el modelo del socialismo soviético y redibujando las fronteras desde el corazón de Europa hasta Asia central. Varias regiones estallaron en conflictos étnicos que continúan sin una solución a la vista.
Uno de estos territorios, el Cáucaso, fue escenario de importantes crisis étnicas y políticas. Rusia se enfrentó al separatismo checheno, los armenios y los azeríes se disputaron el control de Nagorno Karabaj, y Georgia era sacudida por profundas crisis políticas y étnicas. De estos últimos enfrentamientos surgieron dos repúblicas autoproclamadas: Abjasia y Osetia del Sur.
Tiflis no ha podido evitar que se establezcan en ambos territorios repúblicas de facto independientes, que actúan como Estados propios a pesar de su limitado reconocimiento internacional. A primera vista se podría pensar que, debido a su contexto similar, ambos han seguido un desarrollo parecido, pero nada más lejos de la realidad, ya que su naturaleza no podría ser más antagónica: Osetia del Sur se separó
Este contenido es para suscriptores
Suscríbete para seguir leyendo y sostener el periodismo independiente.
Ver planes Ya estoy suscrito